Una revisión de alcance publicada en la Revista de Lactancia Materna analiza qué dimensiones de la lactancia se están teniendo en cuenta cuando se investiga la violencia obstétrica
La violencia obstétrica se ha estudiado principalmente en relación con las experiencias de las mujeres durante el embarazo, el parto y la atención sanitaria. Sin embargo, existe una dimensión del continuo reproductivo que hasta ahora ha recibido mucha menos atención: la lactancia materna.

¿Qué ocurre cuando las prácticas asistenciales interfieren en el inicio de la lactancia? ¿Qué papel tienen el contacto precoz, el apoyo profesional o el respeto a las decisiones de la madre? ¿Puede una experiencia de violencia obstétrica tener consecuencias sobre el establecimiento y mantenimiento de la lactancia?
Estas son algunas de las cuestiones que aborda el trabajo de Desirée Mena Tudela, publicado en la Revista de Lactancia Materna, bajo el título Lactancia materna en la investigación sobre violencia obstétrica: una revisión sistemática exploratoria. Se trata de una revisión de alcance (scoping review) cuyo objetivo es identificar, clasificar y analizar qué dimensiones de la lactancia materna aparecen en la literatura científica que investiga la violencia obstétrica.
El interés de este trabajo no reside únicamente en los resultados que encuentra, sino también en señalar un vacío: la lactancia materna y sus particularidades siguen estando poco contempladas en las diferentes formas de estudiar la violencia obstétrica.
La lactancia como parte del continuo reproductivo
La autora parte de una consideración fundamental: la lactancia materna no debería entenderse como un fenómeno aislado del resto del proceso reproductivo.
En el artículo se señala que la lactancia constituye un componente central del continuo reproductivo, forma parte de la vida sexual y reproductiva de las mujeres y puede considerarse, además, un indicador de calidad asistencial y una conducta generadora de salud.
Desde esta perspectiva, las condiciones en las que se desarrolla el nacimiento pueden tener importancia también para la lactancia posterior.
De hecho, la literatura ya ha identificado determinadas prácticas de atención obstétrica como factores relacionados con la duración de la lactancia. Entre ellas se encuentran aspectos como la movilización durante el parto, el tipo de inicio del parto o la rotura de membranas.
Esto no significa que exista una relación causal simple entre una intervención obstétrica concreta y el éxito o fracaso de la lactancia. La lactancia es un proceso multifactorial.
Lo que plantea la revisión es algo diferente: si la atención obstétrica forma parte del contexto en el que se inicia la lactancia, es necesario estudiar de manera específica cómo las experiencias de atención pueden favorecerla, dificultarla o vulnerarla.
¿Cómo se realizó la revisión?
Para responder a esta cuestión, la autora realizó una scoping review, un tipo de revisión especialmente útil cuando se pretende conocer el alcance, la diversidad conceptual y las características de la evidencia disponible sobre un determinado tema.
La búsqueda se realizó entre octubre y diciembre de 2025 en cuatro bases de datos:
- PubMed
- LILACS Plus
- Biblioteca Virtual de Salud
- ProQuest
No se establecieron restricciones por idioma ni por año de publicación. Se buscaron estudios que abordaran simultáneamente la violencia obstétrica y alguna dimensión de la lactancia materna.
La búsqueda inicial identificó 651 resultados. Después de eliminar duplicados, aplicar los criterios de selección y valorar los textos completos, finalmente se incluyeron 42 estudios.
Los trabajos incluidos presentaban una importante heterogeneidad metodológica: estudios cualitativos, estudios transversales, revisiones y artículos teóricos, entre otros. También existía variabilidad geográfica, con una presencia destacada de investigaciones procedentes de Latinoamérica y Europa.
Esta heterogeneidad es importante porque el objetivo de una revisión de alcance no es necesariamente determinar un efecto cuantitativo común, sino mapear cómo se ha estudiado un fenómeno y qué áreas están todavía insuficientemente investigadas.
Tres grandes dimensiones de la relación entre lactancia y violencia obstétrica
El análisis de los 42 estudios permitió a la autora organizar los resultados en tres grandes áreas.
1. El inicio temprano de la lactancia
Algo más de un tercio de los artículos incluidos hacen referencia al cumplimiento de recomendaciones internacionales relacionadas con el inicio temprano de la lactancia.
Entre los aspectos estudiados aparecen el contacto precoz entre madre y recién nacido, la ayuda para iniciar la lactancia y la permanencia conjunta de ambos.
La revisión recoge estudios que consideran relevante facilitar el inicio de la lactancia durante la primera hora después del nacimiento en recién nacidos estables, así como proporcionar apoyo cuando existen dificultades.
Aquí aparece una cuestión especialmente relevante: la ausencia injustificada de apoyo puede convertirse en una barrera para el establecimiento de la lactancia.
No se trata simplemente de que exista o no una recomendación clínica escrita. Se trata de que las condiciones reales de atención permitan llevarla a la práctica cuando no existen contraindicaciones.
2. El trato profesional y el respeto a la autonomía
Una segunda dimensión identificada por la revisión tiene que ver con cómo se acompaña a la mujer durante el posparto.
Algunos estudios consideran que la lactancia puede ser un escenario específico en el que se manifiesta la violencia obstétrica, ampliando el análisis más allá del momento del parto.
La literatura revisada recoge experiencias relacionadas con:
- trato descortés, hostil o irrespetuoso;
- juicios sobre la decisión de amamantar o no hacerlo;
- presión para iniciar o mantener la lactancia;
- falta de apoyo técnico;
- información incorrecta o contradictoria;
- intervenciones físicas realizadas sin consentimiento;
- y dificultades para que las mujeres puedan participar en las decisiones relacionadas con la alimentación de sus bebés.
Este punto resulta especialmente interesante porque permite introducir una distinción fundamental:
promover la lactancia y presionar para amamantar no son lo mismo.
Una atención favorable a la lactancia debe proporcionar información y apoyo basados en la evidencia, pero también respetar la autonomía de la mujer.
Por tanto, el acompañamiento profesional no debería medirse únicamente por la cantidad de lactancias iniciadas o mantenidas, sino también por la calidad de la atención, la información proporcionada y el respeto a las decisiones maternas.
3. Cuando el apoyo a la lactancia se convierte en una cuestión de calidad asistencial
La revisión también pone de manifiesto que las barreras a la lactancia no siempre proceden de una decisión individual de un profesional.
Existen factores institucionales y estructurales que pueden influir en la experiencia.
Entre los estudios revisados aparecen referencias a protocolos, normas restrictivas, tiempos rígidos, falta de espacios adecuados, insuficiente cualificación profesional y dificultades de acceso a apoyo especializado. También se señalan problemas relacionados con información no basada en evidencia y con determinadas prácticas institucionales.
Esta perspectiva resulta especialmente importante para la práctica sanitaria.
Si una institución quiere favorecer realmente la lactancia, no basta con recomendarla a las madres.
También debe preguntarse:
¿Tiene el personal la formación necesaria?
¿Existen recursos para ofrecer apoyo individualizado?
¿Las normas del centro facilitan el contacto madre-bebé?
¿Se permite la toma de decisiones informada?
¿Los protocolos están actualizados y basados en evidencia?
La promoción de la lactancia, desde esta perspectiva, deja de ser únicamente una intervención educativa y pasa a formar parte de la calidad global de la atención perinatal.
Una posible relación a medio y largo plazo
Uno de los aspectos más interesantes de la revisión es que algunos trabajos no se limitan a estudiar el inicio de la lactancia, sino que analizan su evolución después de una experiencia de violencia obstétrica.
Los estudios incluidos apuntan a una posible relación entre la experiencia de violencia obstétrica y mayores dificultades para establecer o mantener la lactancia a medio y largo plazo.
Entre los mecanismos propuestos en los estudios aparecen diferentes factores: el estrés asociado a experiencias traumáticas, las intervenciones farmacológicas, la salud mental materna, experiencias traumáticas previas o la falta de apoyo.
La revisión recoge también trabajos que plantean posibles mecanismos fisiológicos relacionados con la respuesta al estrés y el equilibrio hormonal implicado en la lactancia.
Aquí conviene ser prudentes: la existencia de una asociación descrita en algunos estudios no permite reducir la compleja relación entre violencia obstétrica y lactancia a un único mecanismo causal.
Precisamente la heterogeneidad de los estudios incluidos muestra la necesidad de continuar investigando esta cuestión con diseños más específicos y herramientas de medición adecuadas.
La violencia obstétrica también puede afectar al recién nacido
Otro aspecto conceptual relevante es que algunas aproximaciones contemporáneas a la violencia obstétrica amplían el foco para incluir determinadas prácticas que afectan directamente al recién nacido.
La revisión menciona, en este sentido, cuestiones como la separación innecesaria entre madre y bebé, la falta de apoyo al contacto piel con piel o las interferencias injustificadas en el inicio de la lactancia. Estas prácticas se han relacionado en la literatura con conceptos como la falta de respeto y el abuso neonatal.
Esto permite entender el nacimiento desde una perspectiva de unidad madre-bebé.
Una intervención que dificulta innecesariamente el contacto o la lactancia no afecta exclusivamente a la madre ni exclusivamente al recién nacido: puede alterar una interacción biológica y relacional que comienza desde los primeros momentos de vida.
¿Qué nos dice esta revisión sobre la investigación futura?
Probablemente esta sea la principal aportación del artículo.
La revisión no pretende establecer una medida única del efecto de la violencia obstétrica sobre la lactancia. Su objetivo es mapear qué se ha estudiado hasta ahora y detectar las lagunas existentes.
Y la conclusión es clara: las dimensiones específicas de la lactancia están todavía poco representadas en la investigación sobre violencia obstétrica.
Por ello, la autora plantea la necesidad de desarrollar instrumentos y marcos analíticos más robustos que permitan estudiar esta relación de manera específica.
Esto podría ayudar a responder preguntas que todavía no están suficientemente resueltas:
- ¿Qué prácticas relacionadas con la lactancia deben considerarse indicadores de una atención respetuosa?
- ¿Cómo medir de forma homogénea las experiencias negativas relacionadas con la lactancia?
- ¿Qué peso tienen los factores institucionales frente a los individuales?
- ¿Qué consecuencias tienen estas experiencias sobre la lactancia a medio y largo plazo?
- ¿Cómo influyen las desigualdades sociales y la discriminación en estas experiencias?
- ¿Qué intervenciones asistenciales pueden prevenirlas?
Responder a estas preguntas permitiría pasar de una aproximación descriptiva a modelos de evaluación e intervención mejor fundamentados.
Una oportunidad para mejorar la práctica clínica
Aunque se trata de una revisión centrada en la investigación, sus resultados tienen también implicaciones para la práctica.
El artículo invita a considerar la lactancia dentro de una atención perinatal que contemple simultáneamente evidencia científica, seguridad clínica, autonomía y experiencia de las mujeres.
Desde esta perspectiva, favorecer la lactancia no consiste únicamente en recomendarla.
Implica garantizar que, cuando una mujer desea amamantar y las circunstancias clínicas lo permiten, existan condiciones adecuadas para hacerlo: contacto precoz, apoyo profesional cualificado, información basada en evidencia y ausencia de interferencias injustificadas.
Pero implica igualmente respetar a las mujeres que toman otra decisión.
La atención respetuosa debe ser compatible con ambas cosas: proteger y facilitar la lactancia sin convertirla en una obligación.
La importancia de seguir ampliando la mirada
Esta revisión aporta una idea especialmente relevante para quienes trabajan en lactancia: la calidad del acompañamiento no puede separarse completamente de la calidad de la atención recibida durante el proceso reproductivo.

La lactancia puede verse afectada por factores clínicos, biológicos y sociales, pero también por las experiencias de atención y por el contexto institucional en el que tiene lugar el nacimiento y el posparto.
La revisión de Mena Tudela muestra que esta relación ya aparece en la literatura científica, pero también que todavía necesitamos mejores herramientas para estudiarla.
Para AELAMA, este tipo de trabajos resulta especialmente relevante porque contribuye a ampliar el debate sobre la protección y promoción de la lactancia: no solo desde la perspectiva de sus beneficios o de las técnicas para establecerla, sino también desde la perspectiva de los derechos, la autonomía y la calidad de la atención sanitaria.
La pregunta, por tanto, no debería ser únicamente:
¿Cuántas mujeres amamantan?
También necesitamos preguntarnos:
¿En qué condiciones pudieron iniciar y mantener su lactancia?
¿Qué apoyo recibieron?
¿Pudieron tomar decisiones informadas?
¿Cómo fue su experiencia de atención?
Incorporar estas preguntas a la investigación puede ayudarnos a comprender mejor la lactancia y, sobre todo, a identificar qué cambios pueden contribuir a una atención perinatal más respetuosa y basada en la evidencia.
Para saber más
Mena Tudela, D. (2026). Lactancia materna en la investigación sobre violencia obstétrica: una revisión sistemática exploratoria. Revista de Lactancia Materna, 4, e34639. DOI: 10.14201/rlm.34639.
Leer el artículo completo en la Revista de Lactancia Materna
