Compartimos por aquí una entrevista con Paloma Comino Vázquez, pediatra de Atención Primaria en Sevilla y primera autora del trabajo realizado por el equipo investigador ganador del Premio AELAMA a la Mejor Comunicación Oral en investigación del Congreso Español de Lactancia Materna 2026.
El trabajo premiado se titula: «Evolución de las tasas de lactancia materna en España en la última década: factores asistenciales asociados y estrategias de mejora». Se han estudiado en 2 momentos diferentes (2014 y 2024) una muestra de pacientes de todas las Comunidades Autónomas (2047 y 1952 pacientes, respectivamente) y se comparan las tasas de lactancia y los factores que pueden influir, tanto positiva como negativamente. De estos datos, se proponen las siguientes estrategias de mejora, avaladas con los datos obtenidos:
- Que la primera visita en Atención Primaria (matrona + pediatría) sea antes de las 72 horas tras el alta hospitalaria, recibiendo una cita en AP desde el hospital antes del alta
- Mejorar la formación de los profesionales para evitar la toma de decisiones clínicas inconsistentes
- Reforzar el apoyo y asesoramiento a las madres primíparas y a los nacimientos por cesárea
-¿Cómo resumirías en pocas palabras vuestro trabajo para quien no lo conozca?
Hemos hecho una foto de lo que ocurría respecto a las tasas de lactancia en la primera visita del recién nacido en las consultas de atención primaria en España en 2014 y otra en 2024, y las hemos comparado. Hemos visto que aunque el tiempo para realizar la primera visita al recién nacido ha mejorado en un día (se hacía a los 10,7 días tras el alta en 2014 y a los 9,3 días en 2024), se sigue haciendo más tarde de lo recomendado, que es antes de las 72 h tras el alta. Las tasas de lactancia, sin embargo, han disminuido en la última década, ya que hemos pasado de una tasas de lactancia materna exclusiva en el momento de la primera visita del 63,1% en 2014, al 62,4% en 2024. Esto, teniendo en cuenta que la primera visita se ha acortado, nos debe hacer reflexionar sobre qué cosas tenemos que mejorar.
-¿Por qué os animasteis a investigar sobre este tema?
Somos un grupo de pediatras de atención primaria a los que nos encanta la investigación y la lactancia materna. La idea surge de algo que vivimos a diario en primera persona, y es que algunos recién nacidos llegan muy tarde a nuestras consultas, a veces con más de un mes de vida. Y claro, para ese tiempo, si la lactancia materna ha ido bien fenomenal, pero si han surgido problemas la mayoría ha abandonado la lactancia y son alimentados con fórmula artificial, y en ese momento es prácticamente imposible revertir la situación. Es por esto que teníamos el convencimiento de que realizar la visita antes mejoraba las tasas de lactancia materna, pero no había nada publicado al respecto, y nos pusimos a diseñar este estudio.
– ¿Por qué es importante la lactancia materna para los profesionales?
La lactancia materna es un derecho de la madre y del recién nacido. Nuestra sociedad ha llegado a un punto en el que hemos tenido que demostrar que la lactancia materna era mejor que la artificial, aunque pueda parecer paradójico. No paran de publicarse estudios sobre las ventajas de la lactancia materna tanto para la madre como para los niños, y es que lo que para algunos de nosotros resulta obvio no lo ha sido para muchos, de ahí la importancia de que se investigue y se publique. No hay dudas de las bondades de la lactancia materna desde el punto de vista científico, pero formar a los profesionales adecuadamente es prioritario. Los profesionales estamos en una posición privilegiada para la promoción de la lactancia. Si decíamos antes que es un derecho de la madre y del recién nacido, los profesionales tienen que estar adecuadamente formados para resolver las dudas que puedan surgir, y si no saben, dirigirlas a un profesional experto, pero no dar respuestas inconsistentes. De hecho, uno de los resultados de nuestro estudio refleja que el haber consultado en urgencias previamente a la visita del recién nacido se asocia con peores tasas de lactancia materna. Una causa pueden ser potenciales problemas de salud pero otra pueden ser los mensajes inconsistentes que se reciben de distintos profesionales. Y es que igual que estudiamos sobre nefrología, oftalmología o cardiología, deberíamos estudiar sobre lactancia, ya que las mamas son un órgano más de nuestro cuerpo.
– En vuestra experiencia, ¿cómo ha evolucionado la actitud de las familias en los últimos 15-20 años sobre la lactancia? ¿Y la de los profesionales?
Creemos que, aunque más lento de lo deseado, en general se está mejorando. La actitud de las familias depende mucho de dónde nos encontremos. Yo trabajo en una zona denominada de transformación social, con muchas familias con bajo nivel socioeconómico y bastantes familias migrantes. En general, las familias con un nivel socioeconómico más alto son las que están más informadas de las ventajas de la lactancia materna y tienen más deseos de amamantar; esto va acorde con los estudios que se están publicando sobre el tema. Vemos muchas otras que, aunque quieran, no pueden, porque sus trabajos son precarios, a menudo se encuentran en situación irregular, y se tienen que poner a trabajar cuando su hijo tiene 1 o 2 meses. Recordemos además que la baja maternal actual son 16 semanas; en estas condiciones no se puede mantener la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses tal y como recomienda la OMS.
Respecto a los profesionales, hago autocrítica. Creo que la formación sigue siendo deficiente. La formación en muchos hospitales a menudo podríamos definirla como desinformación. Cuando rotan los residentes por nuestro centro de salud, vemos que aunque tienen clara la teoría, en la práctica están poco formados. Es necesario ver y «palpar» más la lactancia. Son necesarios más talleres, y formación de absolutamente TODOS los profesionales que trabajan en la asistencia sanitaria.
Personalmente he tenido muchas experiencias que son reflejo de una gran falta de información por parte de los profesionales. Una de ellas fue tras hacerme una mamografía, en la que la técnico de rayos me dijo que no diera el pecho en los próximos 3 días. Y otra en mi segundo embarazo, en el que yendo todo bien, la ginecóloga me recomendó suspender la lactancia. Aún sabiendo que estos mensajes no tenían respaldo científico, generó en mí dudas y busqué información, encontrando que no tenían fundamento. Pero cuando somos pacientes somos muy vulnerables, y quien no tenga esta información previa y confíe plenamente en el criterio del profesional, pues está dando al traste con ese precioso tándem madre hijo, con todos sus beneficios para ambos, sin estar indicado, y esto es inadmisible.
A pesar de todo, cada vez más hospitales y centros de salud se están sumando a la iniciativa IHAN, y se nota muchísimo la mejoría en aquellos que van aumentando de nivel. A pesar de ello, algunas de las compañeras del equipo que trabajan en centros con acreditación IHAN (fase 3) remarcan que, pese a ello, siguen viendo muchas dificultades en la lactancia. Hemos perdido la cultura de la lactancia y hay que recuperarla.
– Alguna recomendación para nuestros gestores y decisores políticos.
En primer lugar, queremos recordar que la investigación debe estar incluida en la práctica diaria de los profesionales de atención primaria y hospitalaria, computándose como horas de trabajo. La mayoría de nosotros hemos realizado este estudio en nuestro tiempo libre, y esto no debería de ser así. Fomentar la investigación clínica aumenta exponencialmente los resultados en salud, con resultados muy eficientes. Esto es especialmente relevante en atención primaria, a menudo con agendas saturadas en la que el burnout de los profesionales genera un desgaste emocional importante, sin interés para desarrollarse profesionalmente. Fomentar la investigación en los centros de salud y permitir tiempo para labores distintas de la consulta clínica animaría a más pediatras a dedicarse a la atención primaria.
En segundo lugar, invertir en lactancia materna es una de las intervenciones más eficientes que existen. El ahorro puede ser díficil de cuantificar, ya que «no vemos» los casos que nos ahorramos de otitis, neumonías, enterocolitis, bronquiolitis y demás «- itis», no vemos los casos que nos ahorramos de APLV y su gasto en fórmulas hidrolizadas, no vemos los casos que nos ahorramos en TDAH o dificultades de aprendizaje, no vemos ese ahorro en bajas laborales de los padres porque su hijo enferma, no vemos los cánceres de mama u ovario no desarrollados de las madres, ni vemos esas osteoporosis que no llegan a desarrollar, entre otras muchas cosas. Hay estudios que han cuantificado esto, como el de Quesada, 2020, que encuentra que aumentar las tasas de lactancia materna a los 6 meses del 15 al 50% habría ahorrado al sistema sanitario español 197 millones de euros. La lactancia materna genera además un ahorro indirecto, ya que hay que tener en cuenta los beneficios intelectuales, sociales y emocionales de la misma. De hecho, no es casualidad que «amar» y «mamar» se parezcan tanto fonéticamente . La raíz indoeuropea ma- o amma está directamente ligada a a la llamada del lactante hacia su madre (mama, mamá) y es también el origen de la palabra «amor». El acto de mamar es la primera experiencia de amor físico y nutrición, lo que vincula, también etimológicamente, a ese amor entre la madre y su lactante. Mamar es amar, e invertir en lactancia materna supone, más allá de un gran ahorro económico, invertir en una sociedad más amable, justa y bondadosa.


