La lactancia materna también tiene un impacto económico: ¿cuánto nos cuesta no protegerla?

Las pediatras Paula Melero Guardia y Edurne Ciriza Barea han publicado en el cuarto volumen de la Revista de Lactancia Materna una revisión sobre un aspecto del que se habla mucho menos que de los beneficios clínicos de la lactancia: su impacto económico.

Cuando hablamos de lactancia materna solemos pensar, con razón, en sus efectos sobre la salud de madres y bebés. Sabemos que se relaciona con una menor incidencia de diferentes enfermedades infantiles y con beneficios para la salud materna. Sin embargo, hay otra dimensión que a menudo queda en segundo plano: la lactancia también tiene consecuencias económicas.

¿Cuánto cuesta, para una familia, para un sistema sanitario y para el conjunto de la sociedad, que las tasas de lactancia sean inferiores a las recomendadas?

Esta es precisamente la pregunta que aborda el artículo “Impacto económico de la lactancia materna exclusiva”, de Paula Melero Guardia y Edurne Ciriza Barea, publicado recientemente en la Revista de Lactancia Materna. Se trata de una revisión narrativa de la literatura científica publicada durante los últimos diez años.

La lactancia genera ahorro

Las autoras localizaron 21 estudios: 14 modelos de estimación de costes, 4 estudios observacionales y 3 revisiones narrativas. Aunque los trabajos son muy diferentes entre sí, hay un resultado que se repite de forma consistente: todos concluyen que la lactancia materna genera ahorro económico.

La mayor parte de los estudios analiza los costes médicos directos, especialmente los relacionados con enfermedades pediátricas agudas. Pero los trabajos más recientes están ampliando la mirada e incorporando también enfermedades crónicas, salud materna, costes indirectos y otros costes sociales.

Y esto es importante, porque el coste de una lactancia subóptima no se limita a la factura de una consulta o de un ingreso hospitalario.

También puede incluir el tiempo que una familia tiene que dedicar al cuidado de un niño enfermo, la pérdida de ingresos, los costes derivados de enfermedades maternas o incluso consecuencias a largo plazo relacionadas con la mortalidad prematura y el desarrollo cognitivo.

¿De cuánto dinero estamos hablando?

Los estudios incluidos en la revisión ofrecen cifras llamativas, aunque proceden de países, poblaciones y metodologías muy diferentes.

Por ejemplo, un estudio español publicado en 2020 estimó que alcanzar una tasa del 50 % de lactancia materna exclusiva hasta los seis meses podría suponer un ahorro de hasta 197 millones de euros anuales para el sistema sanitario español, considerando únicamente algunas patologías infantiles: otitis media aguda, gastroenteritis aguda, infecciones respiratorias y enterocolitis necrotizante.

Pero también disponemos de datos procedentes de estudios observacionales realizados en España.

En una cohorte de lactantes menores de seis meses, los niños alimentados con lactancia materna exclusiva presentaron unos costes sanitarios entre 454 y 503 euros inferiores a los de los niños que no recibían lactancia materna exclusiva.

Otro estudio, realizado en Cantabria y que siguió a 970 lactantes durante su primer año de vida, encontró unos costes sanitarios de 443,5 euros por niño en el grupo de lactancia materna exclusiva frente a 1.339,5 euros en el grupo alimentado con fórmula, una diferencia aproximada de 900 euros por niño. Extrapolando estos datos, los autores estimaron un ahorro potencial de 60,5 millones de euros para España.

Estos datos proceden de estudios observacionales y, por tanto, no permiten afirmar que la lactancia sea por sí sola la causa de todas las diferencias de costes. Pero aportan un elemento interesante: las estimaciones económicas no proceden únicamente de modelos teóricos; también encontramos diferencias cuando analizamos datos asistenciales reales.

El coste no está solo en las enfermedades infantiles

Uno de los aspectos más interesantes de esta revisión es precisamente que muestra cómo está cambiando la manera de estudiar el impacto económico de la lactancia.

Los primeros trabajos tendían a centrarse en patologías infantiles y en los costes directos para el sistema sanitario. Los estudios más recientes incorporan progresivamente la salud materna, los costes sociales, la productividad y los efectos a largo plazo.

Esto puede cambiar mucho la fotografía final.

Por ejemplo, algunos modelos que contemplan tanto la salud infantil como la materna estiman que una parte importante del ahorro económico asociado a aumentar las tasas de lactancia procede precisamente de la prevención de determinadas enfermedades en las madres. En uno de los modelos estadounidenses revisados, de los 3.000 millones de dólares de ahorro en costes médicos estimados, el 79 % estaba relacionado con causas maternas.

Es decir, cuando calculamos el valor económico de la lactancia, no deberíamos mirar únicamente al niño o a los primeros meses de vida.

¿Y cuánto cuesta no amamantar?

Quizá sea esta la forma más interesante de plantear la cuestión.

En lugar de preguntarnos cuánto cuesta promover y apoyar la lactancia, podemos preguntarnos cuánto cuesta no hacerlo.

Uno de los estudios revisados estimó que las prácticas inadecuadas de lactancia suponían un coste económico mundial de 341.300 millones de dólares al año, incluyendo costes sanitarios, mortalidad prematura y pérdidas asociadas al desarrollo cognitivo.

Son cifras enormes. Pero hay que interpretarlas con cautela.

La mayoría de estos estudios son modelos económicos. Para calcular escenarios que afectan a poblaciones muy grandes utilizan datos procedentes de investigaciones anteriores y realizan determinados supuestos sobre tasas de lactancia, riesgo de enfermedad, costes sanitarios o relación entre determinados resultados de salud y lactancia.

Por ello, estas cantidades no deben interpretarse como una factura exacta que podamos trasladar directamente a un país o sistema sanitario concreto.

Las propias autoras subrayan que existe una marcada heterogeneidad entre los estudios: difieren en las poblaciones, las patologías estudiadas, los horizontes temporales, las metodologías y, sobre todo, en la perspectiva económica utilizada.

No todos los costes se ven en la factura sanitaria

Esta cuestión merece especial atención.

Un estudio que solo contabiliza el gasto del sistema sanitario puede concluir que el ahorro es relativamente pequeño. Pero si además contabilizamos el tiempo de cuidado de las familias, los desplazamientos, las pérdidas de ingresos, la mortalidad prematura, los años de vida ajustados por calidad o determinadas consecuencias a largo plazo, el impacto económico puede ser mucho mayor.

Por eso, los estudios que adoptan una perspectiva social tienden a encontrar ahorros superiores a aquellos que se limitan exclusivamente a la perspectiva del sistema sanitario.

Y esta diferencia no es un detalle metodológico menor: determina qué entendemos por “coste” y quién acaba soportándolo.

Promover la lactancia no es solo un gasto: es una inversión

La conclusión de la revisión resulta especialmente relevante desde el punto de vista de las políticas públicas.

Si aumentar las tasas de lactancia puede reducir enfermedades, ingresos hospitalarios y otros costes, entonces los recursos destinados a proteger, promover y apoyar la lactancia no deberían contemplarse únicamente como un gasto.

Pueden entenderse como una inversión en salud pública.

Esto incluye medidas como la formación de profesionales, servicios especializados de apoyo a la lactancia, políticas laborales que faciliten la conciliación y medidas eficaces frente al marketing inadecuado de sucedáneos de la leche materna.

Y hay aquí una idea especialmente importante: no basta con recomendar la lactancia.

Si una sociedad quiere mejorar sus tasas de lactancia, necesita crear las condiciones que permitan a las madres iniciar y mantener la lactancia cuando así lo desean. El apoyo profesional, las condiciones laborales, la atención sanitaria y las políticas de protección forman parte de ese entorno.

Lo que todavía necesitamos saber

La revisión también deja claro que todavía estamos lejos de poder calcular con precisión el impacto económico global de la lactancia.

La evidencia disponible es escasa y muy heterogénea. Los modelos utilizan numerosos supuestos y los estudios observacionales no pueden establecer por sí mismos relaciones causales. Además, muchos trabajos no incluyen determinados costes familiares o sociales y algunos se centran únicamente en un número reducido de enfermedades.

Por eso las autoras reclaman estudios multicéntricos, con muestras amplias y representativas, datos reales y equipos multidisciplinares, capaces de incorporar de forma conjunta la salud infantil y materna, los costes directos e indirectos y las consecuencias a medio y largo plazo.

También sería necesario estudiar mejor cuánto cuesta implementar programas concretos de protección y apoyo a la lactancia y cuál es su relación coste-efectividad.

Para llevarnos a casa

La principal enseñanza de esta revisión podría resumirse en cuatro ideas:

  • La lactancia materna tiene un impacto económico además de sanitario.
  • Los estudios disponibles encuentran de forma consistente menores costes asociados a mayores tasas de lactancia, aunque las magnitudes varían mucho según el contexto y la metodología.
  • Para conocer su verdadero impacto económico hay que mirar más allá del gasto sanitario directo e incorporar los costes familiares, sociales y los efectos a largo plazo.
  • Proteger y apoyar la lactancia puede considerarse una inversión en salud pública, pero necesitamos mejores estudios para cuantificar con mayor precisión su retorno.

En definitiva, la lactancia materna no es simplemente una cuestión de alimentación individual. Tiene implicaciones para la salud de madres y criaturas, para las familias, para los sistemas sanitarios y para el conjunto de la sociedad.

Y quizá una de las preguntas que deberíamos empezar a hacernos con más frecuencia no sea solo “¿cuánto cuesta apoyar la lactancia?”, sino también “¿cuánto nos cuesta no apoyarla?”.


Referencia

Melero Guardia P, Ciriza Barea E. Impacto económico de la lactancia materna exclusiva. Revista de Lactancia Materna. 2026;4:e34101:1-25. DOI: 10.14201/rlm.34101.

Leer el artículo completo en la Revista de Lactancia Materna