¿Y si la inversión en lactancia fuera una de las más rentables que podemos hacer como sociedad?

Por Juan Antonio Quesada Torres y Rocío Martín-Gil Parra

Queremos empezar agradeciendo a AELAMA la posibilidad que nos da de escribir en su blog. Para nosotros tiene un valor especial, porque el libro que presentamos –Economía y lactancia. El coste económico de no amamantar-, nace precisamente con el mismo objetivo al que dedicáis tanto esfuerzo, la promoción, protección y apoyo de la lactancia materna y, con ello, de las madres y familias que desean amamantar, acompañándolas con paciencia, evidencia y respeto.

El libro lo hemos escrito un economista y una médico, uniendo dos perspectivas de la lactancia que rara vez se cruzan, la de la economía de la salud y la de la medicina que atiende, en la consulta y en la planta, a madres y recién nacidos. Hemos querido poner cifras económicas a todo lo que rodea la lactancia porque pensamos que esto puede ayudar a que los que deciden las políticas de salud pública tomen conciencia del gran valor social de la lactancia, haciendo visible algo que hasta ahora permanecía invisible, todo lo que una sociedad gana cuando protege la lactancia y lo que pierde cuando la descuida. Está escrito para que todos entendamos eso beneficios, aunque con el rigor de la evidencia científica disponible.

Ese cálculo tiene una cifra que resume bien el mensaje del libro: aumentar las tasas de lactancia ahorraría al sistema sanitario alrededor de 460 euros por cada recién nacido y año.

Detrás de ese número hay algo muy concreto, menos otitis, menos ingresos, menos gastroenteritis, menos visitas evitables, porque la lactancia es una de las herramientas preventivas más efectivas y más baratas que existen. Decir que apoyarla es rentable es reconocer, en el lenguaje que entienden los presupuestos públicos, hasta qué punto merece la pena promoverla, apoyarla y protegerla. Pero, además de ese beneficio directo para el sistema sanitario, la lactancia tiene efectos positivos en el trabajo y la productividad, reduciendo el absentismo y la rotación en nuestras empresas; en el medioambiente, eliminando gran cantidad de residuos y evitando el consumo de energía y agua; y en nuestras cifras macroeconómicas, aunque este efecto positivo aún no se tiene en cuenta en España. Todo esto, repasando además otros beneficios y las barreras con las que se encuentra la lactancia lo hemos recopilado en una lectura fácil en el libro, y también qué podemos hacer para mejorar las tasas de lactancia, y cuánto nos costaría esa “inversión”, para poner de manifiesto la rentabilidad de la misma.


Al decir que no amamantar tiene un coste, estamos diciendo que una sociedad que no facilita la lactancia está pagando una factura evitable, y el sujeto económico es la comunidad que decide, o no, acompañar a sus madres y sus bebés. Amamantar recae sobre las mujeres a base de voluntad individual, pero es un bien colectivo que entre todos deberíamos cuidar y reconocer. De hecho, el libro propone entender la leche materna como lo que es en términos económicos, una externalidad positiva, un acto realizado individualmente que produce beneficios que van más allá de la díada madre-hijo y alcanzan a todo el sistema sanitario y a la sociedad entera. Y las acciones que generan esos efectos positivos que llegan a la sociedad en su conjunto desde diversas perspectivas, cuando se dejan al azar o al esfuerzo aislado de cada familia, se producen por debajo de lo que sería deseable. Por eso necesitan protección deliberada: políticas, tiempo, recursos y acompañamiento.

Ahí está nuestra verdadera intención al publicar este libro, y el motivo por el que nos ilusiona compartirlo con vosotras. Nos gustaría que estas cifras no se quedaran en las páginas, sino que sirvieran para mover las políticas públicas hacia una mayor protección, promoción y apoyo de la lactancia materna: permisos que la hagan posible, un posparto mejor atendido, entornos laborales que no obliguen a elegir, y una atención sanitaria que dé a la lactancia el lugar que su evidencia merece. Poner un número al ahorro no es un fin en sí mismo; es una herramienta para que quienes deciden puedan justificar, con argumentos que entienden, aquello que vosotras ya sabéis por experiencia.


Y todo ese beneficio, todo ese ahorro, toda esa salud, no se producen solos, lo hacen posible quienes acompañan cada día a las madres. Las asesoras, los grupos de apoyo, las consultoras IBCLC, los comités de lactancia, las asociaciones como AELAMA. Cuando el libro demuestra que la lactancia es una de las inversiones en salud más rentables que una sociedad puede hacer, está diciendo también, con datos, que reconocer y dotar mejor a quienes sostienen esa labor no es un gasto, sino una de las inversiones más sensatas que un sistema sanitario puede permitirse. Cuidar de quienes cuidan la lactancia es, en el lenguaje de la economía, enormemente rentable.

La lactancia es un derecho, como vosotras defendéis. Nosotros hemos querido añadir, desde nuestra posición, que además es una decisión inteligente. Ojalá este libro resulte útil como una herramienta más, esta vez con cifras, para seguir haciendo lo que hacéis.

Gracias por acompañar, cada día, a tantas madres y a tantos bebés.